viernes, 6 de noviembre de 2009

NACIMIENTO DE JERÓNIMO ABDÓN

LA VIOLENCIA DE LAS TROPAS INVASORAS

El 28 de Julio de 1809, 50.000 soldados franceses al mando de los Mariscales Soult, Ney y Mortier parten de Salamanca en dirección a Plasencia para romper el cerco de Baños de Montemayor rodeando Béjar, sin entrar en ella, mientras tropas españolas procedentes de Ciudad Rodrigo las hacen frente en Puerto de Béjar.

El día 30 de Julio de 1809 el enfrentamiento entre tropas españolas y francesas se hace palpable en las calles de nuestra Villa que se convierten en campo de batalla entre los contendientes. Las hordas imperiales cometen todo tipo de fechorías con la intención de sembrar el pánico entre los bejaranos.
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Retrato del Mariscal Soult (1769-1851), uno de los generales napoleónicos más conocidos y a cuyo mando se encontraban los 50.000 hombres que marcharon por la Vía de la Plata desde Salamanca hasta Plasencia. Uno de sus batallones entraría en Béjar provocando el caos el 30 de Julio de 1809, así como la huida de gran parte de bejaranos hacia la Sierra, entre los que se encontraban los padres de Jerónimo Abdón Gómez Rodulfo, que nació en la Cueva de Navamuño ese mismo día.
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Esta circustancia la recordamos sus descendientes haciendo una excursión anual hasta la Cueva en esas fechas.

Entran de manera desorganizada y caótica llevándose por delante todo lo que encuentran a su paso. La población civil es la que más sufre los efectos de la guerra: varias viviendas son asaltadas, saqueadas e incendiadas, algunas mujeres son violadas y un grupo de bejaranos son asesinados.

Asimismo saquean las iglesias de Santa María y de San Juan Bautista, llevándose de esta última la plata y destrozando las imágenes. Asaltan el Convento de la Anunciación matando a una de sus religiosas y al Hospital Militar, asesinando a los soldados heridos y a varios frailes franciscanos que se encontraban atendiendo a los enfermos.

En la ermita del Castañar, los franceses sólo pudieron llevarse el dinero del cepillo, pues la imagen de la Virgen se había escondido en 1808 en la iglesia del Salvador, única que no sufrió ataques. También el archivo del consistorio sufrió importantes daños.

El párroco del Salvador Vicente López Samaniego anotó en el libro de difuntos:
El día 30 de Julio de 1809 entraron en esta villa las tropas francesas hostilmente en numero de más de 8000 hombres en ocasión de la resistencia que les opusieron 600 tiradores españoles denominados de Ciudad Rodrigo. Cometieron todo genero de insultos y atrocidades.


Saquearon toda la villa, incendiaron varias casas, violentaron a cuantas mujeres pudieron coger sin distinción de estados, ni edades, a sanas y enfermas, degollaron sobre 50 personas de ambos sexos y en estas victimas de su fiereza, se comprenden religiosos de este convento de la Observancia, una religiosa del de la Anunciación de esta villa, varios militares enfermos en la enfermería del convento de los Padres Observantes y muchos paisanos que no pudieron escapar en la general emigración del vecindario a lo mas escabroso de las sierras.
De esta mi feligresía fueron degollados o muertos al fusil los siguientes contenidos en las inmediatas partidas. Para perpetua memoria lo anoto en este libro de finados y lo firmo Béjar Agosto día de la Transfiguración, titular de esta parroquia y única iglesia que no sufrió saqueos - Vicente López Samaniego (rubricado)

Domingo Apre, Manuela Benito, Baltasar Luzmiel, Lorenzo Rodríguez, Fulgencio Sanchez de las Matas, Manuel del Guijo, Antonia Guerrero párvula y Clara Garcia Picado párvula.”

Por su parte en uno de los folios de un misal de la iglesia de San Juan Bautista se anotó:
El día 22 de el Mes de Marzo (sic) entraron los franceses en esta Villa y salieron el 23 Pero estubieron muy perbersos ... el Nombre. Pero peor fueron el 30 de Julio que degollaron, yncendiaron y Robaron todo lo que abia, y Nuestra fortuna fue que no estubieron mas que desde las diez a la mañana asta el otro dia a las 2 de la mañana. Que Dios de a ustedes Muchos Años. Su mas apreciable y serbidor de Ustedes, Jubentillo Jubento.”


No sabemos quién sería el autor de estas líneas, quizás un monaguillo (por el nombre que utiliza y por la grafía excesivamente irregular) u otra persona que utilice pseudónimo, pero lo que sí está claro es su afán por dejar reflejados los hechos acaecidos para la posteridad.

Tanto el párroco del Salvador como Jubentillo saben de la trascendencia de la invasión francesa y están seguros de que sus notas serían leídas por los bejaranos del futuro; es decir, se dirigen a nosotros mismos que después de doscientos años aquí las reflejamos.

Dice Vicente López Samaniego “para perpetua memoria los anoto en este libro” y Jubentillo “Que Dios de a ustedes Muchos Años. Su mas apreciable y serbidor de Ustedes.”

Mas abajo, detrás de la crónica de Jubentillo:
Nota: Se desglosó de un misal viejo y para que no se perdiese se trasladó a este libro en cuya pagina o folio 235 se hallan las partidas de los muertos en 30 de Julio: Roguemos a Dios por ellos.”


Este apunte, de caligrafía más moderna, se debió a la mano del párroco de San Juan Bautista y arcipreste de Béjar José Santamera Tejedor en 1901.

El 4 de Agosto de 1809 los franceses parten de Béjar llevándose consigo el pendón de la ciudad, símbolo del poder de la Villa que ahora estaba en sus manos. A su marcha, los bejaranos huidos regresan a sus casas, pero a partir de este momento la comarca queda bajo dominio francés.

Mª del Carmen Cascón Matas . http://ccasconm.blogspot.com/
Óscar González Hoya

Licenciados en Historia por la Universidad de Salamanca
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2 comentarios:

carmencmbejar dijo...

Muy a propósito, Jero, del nacimiento rupestre de tu antepasado Jerónimo Abdón. La verdad es que su madre lo tuvo que pasar fatal: la huída, cruzar el espeso bosque y la sierra en mula o caballo, el parto en la fría cueva. Imagino que se llevarían a sus criados y sobre todo criadas que le harían las funciones de comadronas (ya sabes que en esto de los alumbramientos los hombres de aquella época serían más bien un estorbo que una ayuda).

jeronimojgr dijo...

Pues si. A pesar de que las personas de esa época estaban hechas de otra pasta, debió ser un trago muy duro. Son cosas para vivirlas si quiere hacerse uno a la idea, y mejor que no vuelvan a pasar.